Drones en barbecho: la tecnología exige criterio agronómico
08 de Julio de 2026
Por Matias Lopresto, director de Marketing de Biofilm
Con los lotes liberados tras la cosecha gruesa, comienza una de las etapas más importantes del calendario agrícola: el barbecho.
Lejos de ser un simple período de transición entre cultivos, constituye una ventana estratégica para controlar malezas, conservar recursos y preparar el lote para la próxima campaña.
Su objetivo va mucho más allá de “limpiar” el terreno: un barbecho bien planificado permite preservar el agua disponible en el perfil, evitar que las malezas compitan por nutrientes, luz y espacio, y reducir problemas que, de no abordarse a tiempo, terminan impactando directamente sobre el cultivo siguiente.
Por eso, antes de definir qué producto aplicar o qué tecnología utilizar, hay que entender qué está ocurriendo realmente en el lote, y tomar decisiones a partir de ese diagnóstico.
EL APORTE DE LOS DRONES AL BARBECHO
Bajo este panorama, el monitoreo sigue siendo el punto de partida. Identificar qué malezas están presentes, en qué tamaño, con qué distribución y en qué historial productivo aparecen permite ajustar mejor la estrategia.
No es lo mismo una emergencia pareja que un manchoneo; no es lo mismo una maleza chica que una planta ya desarrollada; y no es lo mismo un lote con antecedentes de resistencia que uno sin esa presión.
En este contexto, los drones aparecen como una herramienta cada vez más accesible: permiten recorrer ambientes, observar diferencias dentro del lote, detectar manchones y, en algunos casos, realizar aplicaciones dirigidas o en sectores donde el ingreso de equipos terrestres es más complejo.
Esa accesibilidad, sin embargo, también trae un desafío: que la barrera de entrada sea baja no significa que la aplicación sea simple.
Comprar un dron no convierte automáticamente a un usuario en aplicador. La calidad de aplicación depende de muchas variables que deben ser comprendidas y controladas: el volumen de aplicación, el tamaño de gota, la cobertura lograda, la altura de vuelo, la velocidad, el caudal, el ancho de trabajo, las condiciones ambientales y la compatibilidad de la mezcla.
Si alguna de estas variables falla, el resultado puede ser un control deficiente, mayor riesgo de deriva o un uso ineficiente de los insumos.
CLAVES PARA EL USO DE DRONES EN BARBECHO
Así, una de las principales consideraciones en barbecho es que muchas aplicaciones con drones trabajan con volúmenes de agua más bajos que los equipos tradicionales.
Esto exige prestar especial atención a la concentración del caldo, al orden de carga, a la calidad del agua y a la estabilidad de la mezcla. En usuarios nuevos, este punto suele subestimarse: una mala mezcla o un agua con problemas puede afectar el desempeño de la aplicación aun cuando el herbicida y la dosis sean correctos.
También es importante entender qué se busca lograr con cada tratamiento. En barbechos se combinan, según el caso, herbicidas de contacto, sistémicos y residuales. La elección debe responder al diagnóstico del lote, al tamaño de las malezas, al cultivo que vendrá después y a las restricciones de uso de cada producto.
Cuando la aplicación se realiza con drones, además, es necesario validar que la estrategia sea compatible con las características operativas de ese sistema.
Otro punto crítico es la cobertura: un dron puede volar con precisión, pero eso no garantiza por sí solo que cada gota llegue al blanco en cantidad y distribución suficientes.
En malezas chicas, o estructuras cerosas, o situaciones de baja humedad, lograr una correcta cobertura y una buena adherencia de las gotas debe ser nuestro objetivo. Por eso, la calidad del caldo, la elección de coadyuvantes, la calibración y las condiciones de aplicación deben pensarse como parte de una misma estrategia.
En tanto, las condiciones ambientales siguen siendo tan importantes como en cualquier otra aplicación. Viento, temperatura, humedad relativa e inversión térmica deben ser evaluados antes de aplicar.
En invierno, las inversiones térmicas merecen especial atención: cuando parte del líquido aplicado queda suspendido y no se deposita correctamente, aumenta el riesgo de deriva hacia zonas no objetivo. En un dron, donde la altura de vuelo, la gota y el volumen de caldo tienen una importancia aún mayor, esta evaluación es indispensable.
EL CRITERIO AGRONÓMICO ANTE TODO
Además de la parte agronómica, hay una responsabilidad operativa y normativa que no debe pasarse por alto. El uso de drones debe respetar las reglas aeronáuticas vigentes, las restricciones de vuelo, las condiciones de seguridad y las normativas locales vinculadas a la aplicación de fitosanitarios.
También deben considerarse las indicaciones del marbete, las recetas agronómicas cuando correspondan y las distancias o zonas de resguardo definidas por cada jurisdicción.
El dron puede ser una excelente herramienta para hacer barbechos más precisos, eficientes y oportunos. Pero no reemplaza el criterio agronómico.
La tecnología suma valor cuando se integra a un proceso: monitoreo, diagnóstico, selección correcta de herbicidas, calidad de agua, mezcla estable, calibración, condiciones ambientales adecuadas, cuando corresponda, utilización de adyuvantes destinados a disminuir las pérdidas por evaporación, y registro de lo realizado.
En Biofilm trabajamos en el desarrollo de tecnologías que acompañen esa evolución. Nuestro foco está puesto en innovar y diseñar soluciones que contribuyan a mejorar la eficiencia y la calidad de las aplicaciones de fitosanitarios, ayudando a que cada tratamiento se realice en mejores condiciones y con mayor aprovechamiento de los recursos disponibles.
En definitiva, el desafío no es incorporar drones al sistema productivo, sino utilizarlos de manera estratégica. En barbecho, cada decisión cuenta: una aplicación bien planificada ayuda a llegar al próximo cultivo con menos competencia, mejor uso de los recursos y mayor previsibilidad. Y en ese camino, la calidad de cada gota sigue siendo tan importante como la tecnología que la lleva hasta el lote.