Sorpresa de fin de ciclo para el maíz: apareció con fuerza la chicharrita, aunque ya no hay riesgos
06 de Abril de 2026
El notable incremento de las poblaciones de chicharrita del maíz registrado hacia fines de marzo volvió a poner en el centro de la escena la importancia del monitoreo sanitario en los cultivos.
Si bien la campaña 2025/26 está llegando a su fin y se ha desarrollado, en términos generales, sin impactos severos por infecciones de Spiroplasma transmitidas por este vector, los técnicos advierten que el escenario actual representa una oportunidad estratégica para profundizar el conocimiento del sistema y prevenir episodios críticos como los ocurridos en ciclos recientes.
La aparición de síntomas foliares en algunas localidades y el crecimiento exponencial de las capturas durante la segunda quincena de marzo obligan a reforzar las tareas de seguimiento en campo.
El objetivo es consolidar información que permita anticipar riesgos y diseñar estrategias de manejo más eficientes frente a un insecto que ya demostró su capacidad de generar pérdidas significativas.
Según lo mencionado, desde la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis subrayan que el trabajo coordinado entre técnicos, productores y laboratorios será determinante para sostener la vigilancia epidemiológica y comprender la evolución del patógeno en distintas regiones productivas.
LO QUE MOSTRÓ LA CHICHARRITA DEL MAÍZ EN MARZO
El 39º informe de la Red, elaborado con datos relevados entre el 17 de marzo y el 1 de abril de 2026, confirma que las poblaciones del vector experimentaron un fuerte crecimiento en las principales zonas endémicas del país.
Frente a este escenario, los especialistas insisten en la necesidad de sostener un monitoreo activo que incluya tanto la dinámica del insecto como la evolución de los síntomas en las plantas.
“Es importante seguir generando información sobre todo el patosistema, monitoreando trampas y cultivos, remitiendo insectos a la red entomológica para establecer su infectividad e inspeccionando síntomas foliares, para establecer cómo evolucionan las distintas situaciones”, señaló Alejandro Vera, coordinador de la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis.
La recomendación técnica sugiere crear una base de datos robusta que ayude a tomar decisiones agronómicas en tiempo real y también a generar conocimiento para futuras campañas, sobre todo en un contexto donde la variabilidad del clima y la producción afecta el comportamiento del vector.
NOA Y NEA LIDERAN EL CRECIMIENTO
De acuerdo con el relevamiento, la región del NOA fue la zona con mayor expansión de las poblaciones durante el período analizado. Allí, donde el 99% de las trampas se instaló sobre cultivos de maíz, el 67% de las localidades registró capturas superiores a 100 adultos por trampa, el nivel más alto de la escala de monitoreo.
Este incremento coincidió con un predominio de lotes en estadios reproductivos intermedios, entre R3 y R4, una etapa fenológica que suele favorecer la presencia del vector. Además, los análisis realizados en tres localidades detectaron niveles moderados de portación del patógeno, lo que refuerza la necesidad de mantener la vigilancia sanitaria.
Una dinámica similar se observó en el NEA, donde el 97% de las trampas también se ubicó en cultivos de maíz, mayormente en estadios reproductivos R2 y R3. En esta región, el 67% de los sitios alcanzó la mayor categoría de capturas, lo que confirma que el crecimiento poblacional del insecto se extendió de forma consistente en ambas zonas endémicas.
PRESENCIA EN OTRAS REGIONES PRODUCTIVAS
El informe también muestra que el incremento de las poblaciones no se limitó al norte del país. En el Litoral, el 70% de las trampas registró capturas, con un 27% de las localidades en niveles bajos y un 24% en la categoría máxima, especialmente en la provincia de Entre Ríos.
En la región Centro-Norte, donde el 89% de las trampas se instaló en lotes de maíz, el vector fue detectado en el 87% de las localidades relevadas, con casi la mitad de ellas —un 46%— dentro del nivel más alto de capturas.
Por su parte, el Centro-Sur mostró un crecimiento más moderado, aunque igualmente significativo desde el punto de vista sanitario. Allí, la presencia de Dalbulus maidis pasó del 20% al 39% de las localidades monitoreadas, con un 4% alcanzando la categoría máxima, lo que confirma una tendencia ascendente que deberá seguirse de cerca en los próximos meses.
El escenario actual, con estos datos, no refleja una emergencia productiva inmediata, pero sí un contexto técnico que exige atención permanente. El aumento de las poblaciones de chicharrita, aun sin daños generalizados en la campaña en curso, vuelve a demostrar que la prevención y el monitoreo sistemático son las herramientas centrales para sostener la sanidad del cultivo y evitar nuevas epifitias en el maíz argentino.