“Los contratistas argentinos están en el podio a nivel mundial en incorporación de tecnología agrícola”
15 de Marzo de 2026
La presencia de contratistas rurales por las calles de Expoagro es una de las constantes de cada edición. Es un público específico que espera cada marzo para acudir a San Nicolás, buscando renovar su parque de maquinaria, comparando precios y tasas de financiación.
Pero la novedad en 2026 fue que la Federación Argentina de Contratistas de Maquinaria Agrícola (FACMA) preparó la primera cumbre de la actividad en el seno de la exposición. La misma se realizó en el Auditorio CREA, un espacio que se mostró a tope de la capacidad.
FACMA, a través de los invitados a disertar, eligió ahondar en el aspecto climático como también el de la necesidad de dotar de mayores instrucciones financieras.
“Creo que esta cumbre que hicimos con el contratista es por lo menos despertar esa inquietud y que empiecen a trabajar de una manera más formal y entender por qué hay que incorporar la tecnología. No es que es una tecnología que solo va a beneficiar al productor, sino que también a ellos mismos, para poder seguir estando presentes y ser los principales actores de cara a 2030 en la producción de alimentos”, destacó Hernán Ferrari, coordinador del Grupo Mecanización Agrícola en INTA.
LOS CONTRATISTAS Y LA SEGURIDAD ALIMENTARIA
En principio, Ferrari contó acerca de lo último conversado en materia de seguridad alimentaria en el foro económico de Davos.
“Sostuvieron que la incorporación de tecnología para lograr la seguridad alimentaria estaba ‘en neblinas’. Allí se cocina la proyección de la economía del mundo, y establecen que sistemas de asociativismo como los que tiene Brasil y el sistema de contratistas que tiene Argentina van a ser quienes incorporen la tecnología que logrará alimentar al mundo”, precisó.
Uno de los pasajes más destacados de su charla fue una pregunta que realizó: “Para el 2050 se espera que todo el trabajo sea cognitivo. ¿Quién va a hacer el trabajo entonces? ¿Quién va a producir el alimento?”.
También habló sobre una advertencia hecha hace más de 12 años por dos edafólogos argentinos. “En 2014 señalaron que estábamos en cuenta regresiva. En 10 años puede llegar a aparecer un factor limitante que no nos va a dejar seguir produciendo, porque venimos de 45 años de extracción de nutrientes en donde le devolvimos al suelo solo un 34% de lo que le sacamos”, explicó.
“A eso se le suma la compactación del suelo, que está considerada hoy en día como el primer flagelo del mundo en la producción de alimentos, ya que el 60% de la superficie agrícola presenta huellas y hay un 37% con compactación severa”, sostuvo. En esos casos, determinó que hay ensayos que comprueban que ante problemas de huella compactada los cultivos rinden casi hasta 35% menos.
-¿Cuál fue el principal mensaje que buscaste transmitir al sector?
-Los contratistas son el principal actor de la producción de alimentos de Argentina. Viene creciendo su nivel tecnológico de manera exponencial. Lo vemos hace 20 años atrás, cuando arrancaba Expoagro uno hablaba con los contratistas y sus temas de conversación eran anchos de trabajo, velocidad de avance, potencia, capacidad de las tolvas. Sin embargo, ahora 20 años después te empiezan a hablar de códigos, algoritmos, inteligencia artificial, autonomía, máquinas que se regulan solas. Eso muestra a las claras cómo avanza la tecnología y cómo ellos las implementan.
-¿Cómo está la Argentina en este aspecto en comparación a otros países agropecuarios?
-Estamos en el podio, en el tercer lugar del mundo en incorporación de tecnología, pero 11° en desarrollo tecnología. Pasamos en solo 5 años del puesto 13 a 11, de 194 países que hay en el mundo y el contratista pasa a ser el tercero del mundo en incorporar rápidamente la tecnología.
-¿Quien nos supera?
-Nos superan Alemania y Estados Unidos. Y ahora está Brasil muy cerca de nosotros, así que tenemos que seguir creciendo. Esta es una tecnología que es sumamente necesaria y muchas veces decimos que la tecnología favorece al productor, “la paga el contratista y favorece al productor”. Sin embargo, poder incorporar tecnologías tan sencillas como neumáticos radiales, transmisiones de última generación implican consumo menor de combustible. Estamos hablando de hasta 15% menos consumo de combustible, o de aumentar hasta 20% más la superficie trabajada por menor patinamiento.
-¿Qué margen de rentabilidad promedio maneja un contratista?
-Hoy un contratista de margen neto está teniendo 4%, o sea, cualquier desequilibrio que pueda tener lo deja fuera del campo. Los mejores están en 12%, entonces poder incorporar esta tecnología puede llevarlo a más de 20% o 22%. Se espera que este contratista para 2030 esté con un margen neto por encima del 22%.
-¿Cómo se logra eso?
-Para eso tiene que incorporar esta tecnología, que la necesita para ser más eficiente. Tiene que formalizar un poco su trabajo, generar contratos, contratos muy sencillos, pero que no le generen cancelaciones de su trabajo.
-¿Cuánto impacta monetariamente eso?
-Hoy el 22% de los contratistas sufren cancelaciones que le impactan en u$$s 18.000 por cada cancelación.
-¿Y cómo llegaron a la comparativa con Alemania y Estados Unidos? ¿De dónde surgen esos datos?
-Desde el INTA hacemos todos los años estudios de premios o productos presentados en cada uno de los premios del mundo, patentamientos nacionales e internacionales, desarrollos que se ven en las grandes multinacionales y en base a eso se hace un conteo y se ve cómo están cada uno de los países del mundo. Es un trabajo muy arduo que se hace desde el equipo de Mecanización Agrícola del INTA, pero se logra tener ese informe de los avances de cómo va Argentina.
-¿Cómo se va dando la adopción de tecnologías por parte de los contratistas? ¿Detectan temores en el rubro ante un eventual desplazamiento laboral?
-Está a las claras de que vamos a tener que aggiornarnos a eso y que el contratista lo está entendiendo, muchas veces lo siente como una amenaza, pero lo que es la automatización, la autonomía, la inteligencia artificial viene a ocupar su lugar y bienvenido sea, porque nos va a permitir alimentar al mundo. El error humano siempre está, siempre lo conocemos, está presente el humano se cansa, el humano se enferma, el humano quiere cambiar de trabajo porque se cansó, porque se aburrió. Eso con la autonomía no aparece y a su vez va a ser irremediable. Cuando vemos los países productores de alimentos como Argentina, vemos que la tasa de natalidad viene decreciendo desde hace ya 10 años. Por lo tanto, para el 2030 y pasando para el 2050 no va a haber mano de obra para trabajar físicamente en el campo.
-¿Qué pasará con la mano de obra?
-Esa mano de obra que habrá va a ser toda cognitiva, no va a ser física. Entonces, necesitamos que lleguen estos robots, necesitamos que llegue la inteligencia artificial, los drones, para hacer eso más eficiente, poder aplicar el fertilizante con dosis variable en tiempo real, leyendo a la planta qué le falta, le falta nitrógeno, fósforo, potasio y le aplique específicamente a esa planta lo que necesita. Ya no estamos hablando de una agricultura por lote, ni siquiera una agricultura por metro cuadrado. Es una agricultura planta por planta, lo que llamamos el ‘internet de las plantas’. Cada planta como un nodo de información va a decir “a mí me falta esto”, y específicamente se le va a agregar agua, fertilizante o el fitosanitario que ella requiera para maximizar.
-¿Es una carrera que la genética viene ganando?
-La genética hace rato que nos viene diciendo “estoy tres cuerpos adelantados de ustedes”. Nos ofrecen un manejo de rinde 23.000 kilos y se están consiguiendo rendimientos promedio de 8.300. Toda esa brecha que está ahí en el medio es lo que tenemos que sumar y llegar a alcanzar con esta tecnología en la siembra, en la fertilización, en el manejo del suelo, en la cosecha misma.
-¿Y qué pasa con los suelos?
-Nosotros tuvimos y tenemos la bendición de haber desarrollado nuestra agricultura sobre la pampa húmeda. La pampa húmeda tiene los suelos más ricos del mundo, tanto en calidad nutricional, biológica y también en el clima. Pero eso nos generó un problema que, por ejemplo, no lo tiene Brasil. Los suelos de Brasil son de muy mala calidad. Entonces, ellos entendieron que la única manera de hacer agricultura era devolviéndole, incorporándole al suelo los nutrientes, activar la actividad biológica, valga la redundancia. Nosotros como no veníamos de esa cultura, empezamos a hacer una agricultura extractiva: le sacábamos los nutrientes al suelo, el suelo siempre fue bueno, siempre respondió.
-¿Cuál es el riesgo?
-En los últimos 40 años le sacamos el 70% de los nutrientes y hoy si no se lo devolvemos estamos a punto de que aparezca un factor limitante. Será un nutriente, una bacteria o un micronutriente que no nos va a dejar seguir produciendo. Por eso es que necesitamos esta tecnología. Insisto en el suelo y en el ‘internet de las plantas’ para detectar esas deficiencias, poder devolvérselas al suelo y lograr que Argentina sea uno de los principales actores en la producción de alimento.